Resulta curiosa -que no sorprendente- la polémica que suscita cualquier anuncio o noticia relacionados con la retirada de la vidriera con símbolos franquistas de las escaleras del ayuntamiento de Marbella. Y el aluvión de críticas en torno a sesgados argumentos históricos, reprochando que algunos desconocemos nuestra historia.

Es por ello que me veo obligado a escribir este artículo. Para demostrar que, precisamente por eso , porque algunos -mal que les pese a otros- tenemos memoria y la historia nunca hay que olvidarla, es tan oportuna esta retirada; que no representa más que un acto de justicia que durante años se ha venido negando a nuestro pueblo (que cada cual reflexione -aunque resulta bastante evidente- el motivo por el que ha sido así).

Los símbolos (y los escudos o banderas lo son) son la representación perceptible de una idea que se ve socialmente aceptada por convención. Así, están conformados por un significante (la representación en sí) y un significado, que es la idea a la que evoca. Este significado puede ir evolucionando con el tiempo por diferentes circunstancias, de modo que un significante puede terminar evocando a algo totalmente distinto a lo que en un principio lo hacía. Y la sociedad asumiéndolo así. Es por ello que la cruz, por ejemplo, que tiene un origen mucho más antiguo, ya que aparece incluso en al antiguo Egipto, ha terminado siendo socialmente aceptada como símbolo del cristianismo: y, por metonimia, del catolicismo.

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Lo mismo pasa con la esvástica, cuyo origen se remonta a la cultura mesopotámica (hace unos 7.000 años), y que ha ido adoptando diferentes significados a lo largo de la historia y de diferentes culturas y religiones (pasando por las religiones paganas europeas e incluso las tribus nativas norteamericanas) hasta llegar a la Alemania nazi, que la adoptó como símbolo de identidad.

Hoy en día a nadie (más allá de aquellos que defienden esta repugnante ideología) se le ocurriría utilizar una esvástica y justificarse remitiéndose a sus orígenes. Y no se le ocurriría porque ya está cargada socialmente de ese significado fascista, y todo el mundo interpretaría (por mucho que quisiera justificarse con argumentos peregrinos) su intencionalidad real.

Con el Águila de San Juan (o de patmos) ocurre exactamente lo mismo. Independientemente de sus orígenes -que son mucho más antiguos a cuando Isabel la Católica la incorporó a su escudo personal y, más tarde, al de los Reyes Católicos, pues ya aparece en el Tetramorfos del Antiguo Testamento asociada a la figura de Juan el Evangelista-, es un símbolo que se se fue cargando de significado a lo largo de los más de 40 años de dictadura, puesto que fue Francisco Franco quien la incorporó de nuevo, después de más de 400 años de ausencia, tras alcanzar el poder a través de un golpe de estado contra un gobierno democrático.

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Águila Bandera de Franco

Y este significado es el de ese régimen genocida, y el de todos los crímenes que durante y en nombre de él se cometieron. Significa todos los represaliados, torturados y asesinados por esa dictadura infame, muchos de los cuales aún permanecen enterrados en cunetas a la espera de que sus familiares puedan rescatar sus restos y su memoria. Y también significa ese sufrimiento.

Este es el motivo por el que este símbolo, cargado de ese abominable significado, debe desaparecer de todos aquellos lugares en los que aún siga presente en este país, como es las escaleras de nuestro ayuntamiento.

Porque al igual que los significados no son gratuitos, las intencionalidades tampoco lo son. Y su presencia solo obedece a la intención de algunos (precisamente aquellos que se niegan a condenarlo) de seguir honrando y justificando ese régimen. Por mucho que quieran disimularlo a través de de retorcidos y reduccionistas argumentos históricos. Se les ve el plumero, nunca mejor dicho.


Autor: Manuel Martínez Latorre  |  @arroscachapa
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